23/10/13

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Se fue muy silenciosamente caminando por el pasillo de la que hasta ahora era nuestra casa. El sonido del portazo sonó como si me hubiese disparado el corazón. Un disparo directo, con precisión. Se lo llevó todo con él. Mi sonrisa, mis ganas y hasta esa taza rosa que me regaló en aquel viaje a Italia. No pude reaccionar. Decidí esconderme bajo el edredón con la esperanza de que al salir el siguiera ahí, tan despistado como siempre. Permanecí horas inmóvil revolviéndome entre las sábanas. Nunca había sentido tanto miedo. Pero eso no fue lo peor. Cuando por fin decidí levantarme y recorrer la casa en busca de algo que me dijera que él seguía ahí, fue cuando me di cuenta realmente de que jamás volvería. Nunca más estas paredes volverían a escuchar su voz. Nunca más mi ropa volvería a compartir armario con él. Nunca más mis pies buscarían calor en sus absurdos y estúpidos calcetines. Cuando te planteas toda tu vida al lado de una persona y de repente se esfuma... ¿qué es lo que se supone que tienes que hacer? No creo que puedas reconstruir tu vida en el tiempo que tardas en preparar café. No creo que puedas asimilar que todo lo que llevas soñando e imaginando durante años jamás existirá. ¿Acaso es posible vivir de unos recuerdos que nunca han existido? ¿Acaso es humano romper miles de promesas en tan solo un segundo? ¿Acaso alguien que está enamorado puede dejar de querer a alguien solo porque esa persona ha decidido rendirse? Cogí mis zapatillas y me estiré en esa alfombra en la que tantas veces habíamos hecho el amor. Cerré los ojos y respiré. Aún no estaba preparada para empezar de cero. 

1 comentario:

Gustavo Aguilar Alterno Espiraaaal dijo...

Ees complicado todo esto de querer y no saber que hacer para estar bien, estoy algo dificil ahora pero bueno es parte de la vida, saludos y estamos leyendonos =D