29/9/13

Dos días y tres horas.

Siempre es duro dejarte marchar. Por mucho que me repitan que poco a poco nos acostumbraremos a esto soy incapaz de creérmelo. Incluso diría que es a la inversa. Cuanto más tiempo paso a tu lado más me cuesta soltar tu mano. Este viaje no ha sido todo lo largo que nos habría gustado. No ha sido tiempo suficiente para ninguno de los dos. Pero eres capaz de convertir dos días y tres horas en algo demasiado especial para mí. Y para recordarlo solo tengo que subirme en ese ascensor, donde un simple número como el cincuenta y ocho me lo recordará sin hablar. Tengo miedo. Y probablemente estés harto de que te lo repita. Pero me aterroriza pensar que puedes irte. Me horroriza pensar que algún día puedes dejar de sentir esto que hemos creado entre los dos. A pesar de que sea difícil. A pesar de que la distancia sea un obstáculo. A pesar de que cada segundo se nos haga más duro… necesito que pases el resto de tu vida conmigo. Necesito quererte y que me quieras. Necesito que me sigas complementando. Porque ya no soy capaz de visualizar ningún recuerdo en el que tú no estés. Y tampoco soy capaz de imaginarme un futuro sin ti. Quédate conmigo fabricando recuerdos y dibujando sonrisas. Quédate, porque mi lado de la cama ya te echa de menos. 


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