4/12/11

Un día tonto.

Algunas personas tenemos la manía de tratar demasiado bien a otras personas para las que no somos nada, o no se preocupan por nosotros demasiado, o simplemente no lo demuestran. Cuando quieres a alguien y esa persona no te da lo que tú esperas que te de, duele. Duele mucho. Duele hasta el punto de pensar que no merece la pena, hasta el extremo de querer mandarlo todo a la mierda y hacer oídos sordos cuando te dice algo que no te gusta. 
Una actitud indiferente, una mirada vacía, una llamada que no hace, un mensaje que no llega, dos palabras que carecen de sentido, una sonrisa que nunca coincide con la tuya...los pequeños detalles que día a día siempre tenemos en cuenta son los que más nos hunden. Luego llega la hora de la reflexión, el día que te tiras en la cama y te pones a pensar por qué coño lo tratas tan bien, por qué no te enfadas y le contestas cuando hace algo que no te gusta, por qué no le metes caña y le dices lo que hay. ¿El problema? Que algo que está al lado izquierdo de tu pecho te susurra muy despacito la palabra "miedo". Miedo a que te deje, miedo a que le siente mal, miedo a quedarte sola, miedo a que te haga daño, miedo a perderle. 
¿Lo peor? Que tenemos la lección más que clara, que con esto no aprenderemos nada...y es que alguien dijo muy bien una vez: "no trates como prioridad a quien te tiene como opción"



2 comentarios:

Rose dijo...

Qué gran frase la final. En fin... creo que tu sensación y sentimientos son comunes en muchos de nosotros. Un beso

cinco letras dijo...

Con respecto a tu comentario en mi blog, duele, claro que duele, porque he sentido cosas sinceras...pero pienso en mí y si recuerdo cosas, intento hacerlo sonriendo.
Ahora, te diría que le digas lo que hay, que no pierdas el tiempo sintiendo miedo, que yo también lo tuve y cuando quise reaccionar, fue demasiado tarde. No consientas determinadas cosas por miedo porque puede que al final lo acabes perdiendo igual. Dicta.

Un besote ;)