2/11/11

Diario de Kate.

Era las seis y media de la tarde y el cielo ya estaba oscuro. Y ahí estaba yo, empapada por la lluvia que,  como siempre, me pilló a medio camino y sin el paragüas en la mano. Quise encenderme un cigarrillo pero las gotas de agua que caían sobre mí me lo impedían y como siempre, mi mechero ya estaba a punto de morir.
Me paré justo al lado de tu portal para no mojarme más de lo considerable, miré hacia los lados y para variar, no te visualicé.
No sé que haces últimamente que por más que invento excusas baratas para verte no te encuentro por ninguna parte, y ya me estoy cansando de inventarme cuentos que al final nunca cuentan nada interesante.
La mochila me pesaba demasiado, así que la posé en una de esas escaleras en las que habíamos pasado tantos momentos. Aquellas donde me habías abrazado tiempo atrás y si te paras a pensarlo, dónde más nos habíamos querido. Se me pasaron tantas cosas por la cabeza en ese momento que lo único que salió de mi boca fue un suspiro, que prácticamente no expresaba nada. Miré el reloj, marcaba las siete menos diez y yo seguía teniendo la esperanza de que de un momento a otro aparecieras y al verme se te dibujara una sonrisa en la cara.
Fue una sensación demasiado rara para mí: quería quedarme allí todo el tiempo posible pero a la vez sabía que tú no aparecerías aunque me tirara allí toda la noche sentada. Si no le he visto ni una sola vez en estas semanas… ¿por qué debería verle ahora? Me preguntaba una y otra vez.
Cuando mi reloj marcaba las siete en punto, recogí mi mochila, la cargué en mi espalda y muerta de frío volví a caminar, perdiendo toda esperanza de volver a encontrarte,  por alguna…. “casualidad”.


2 comentarios:

Natalia dijo...

I LIKE IIIIIIIIIIIIIIIT

La chica de los sueños de cristal dijo...

Y yo sinceramente creo que nunca dejamos de buscar esas casualidades, aunque la persona en cuestión nunca aparece y nosotros nos derrumbamos simplemente por un simple banco, que para nosotras puede no ser tan simple por haber estado ahí con ÉL.