28/9/11

Historia de un cuento.

En realidad me gusta levantarme a las 7 menos cuarto de la mañana, dejar siempre el café metido dentro del microondas porque no me da tiempo a tomarlo, peinarme a las prisas e ir a buscar a Cristina que como siempre me espera porque llego tarde. Contarnos nuestra vida en medio segundo y echar un pito mientras esperamos el autobús. Llegar a Oviedo, reírme porque como siempre no vamos a primera y nos vamos a desayunar a Donde Siempre. Me gusta entrar en el Kiosko y saludar al Javi todas las mañanas mientras que Cristina se toma un chocolate calentito y se queja de que tiene demasiadas horas libres. Ir a clase y twittear las mayores tonterías que se me pasen por la cabeza solo porque no puedo concentrarme.
Coger de nuevo el autobús, llegar a Avilés, mirar el reloj y pensar que me estoy muriendo de hambre. Me gusta llegar a casa y antes de hacer nada, conectarme rápidamente para ver si puedo hablar contigo un rato. Me gusta cuando te digo que te echo de menos y me pongo a escuchar la canción que me recuerda tanto a ti. Después te vas y yo me quedo pensando que coño tienes para que hagas que me olvide de todo. Entro en razón y me voy a comer. Y podría pararme a contarte todo lo que hago durante toda la tarde o toda la noche, pero te aseguro que no es del todo diferente. 
Puedo estar haciendo mil cosas que a la vez, siempre te voy a tener en la cabeza. Y siempre habrá un momento del día en el que me muera por hacer esa llamada para decirte que te quiero. Como siempre y como hasta ahora, tú móvil nunca sonará.

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