12/8/11

A veces las cosas más insignificantes son las que mas daño hacen. Una llamada que no llega, dos palabras que no se dicen o simplemente una mirada de indiferencia. Cuando echas de menos a alguien el mundo parece mucho más pequeño. Te quedas sola con tu pequeña burbuja, atrapadas sin poder salir. Y las cosas que se supone que no deben tener importancia cobran demasiada de repente.

Que tire la primera piedra aquel que nunca se haya quedado despierto toda la noche esperando un mensaje. Que levante la mano aquel que nunca se ha montado sus propias películas pensando que todo va mal. Luego te das cuenta que no todo es cómo parece y que no son nada más que pequeñas tonterías sin importancia. Y es que, cuando echas a alguien en falta, el mundo entero cambia de visión.

Empiezas a pensar en los abrazos, en los besos y en las caricias. En la forma que tiene de caminar o de contestar al teléfono. La manera que tiene de reírse y de hacerte enfadar. Recuerdas la pequeña arruga que se le forma en la nariz cuando se ríe y de repente te come con la mirada. Y entonces es cuando verdaderamente te das cuenta de que eso que echas tanto de menos, seguramente, sea de lo que estás enamorada.

1 comentario:

SOMMER dijo...

Sin ninguna duda: lo estás.