25/8/11

Cuando empiezas una historia nunca sabes en que momento va a terminar, ni te imaginas el tiempo que durará. Pones todo tu empeño en no fallar, en dar todo de ti, en que, por una vez, algo te salga bien. Pones todo tu empeño en querer a esa persona hasta que te duela.
No sé muy bien cuando llega el momento en el que te das cuenta de que te has enamorado, de que ya no sonríes si esa persona no está a tu lado. No sé el momento exacto en el que te das cuenta de que tienes miedo. Miedo a que salga mal, miedo a fallar, a no ser lo que esperan de ti. Miedo a que de repente todo se acabe sin una explicación, miedo a que sin darte cuenta las cosas no sean lo mismo que antes. Miedo a que los "te quiero" se desgasten. Miedo a que esa persona deje de mirarte como si fuera a comerte de un momento a otro.
Lo que sí que sé es que la probabilidad de perder a alguien precisamente por tener miedo a perderlo es bastante alta. Y lo peor de todo es que nos comemos tanto la cabeza pensando en el futuro, que no disfrutamos del presente. No saboreamos cada beso ni exprimimos cada palabra. No disfrutamos cada caricia, ni valoramos los momentos importantes. Y eso, en el fondo, es lo que realmente nos hace perderlo todo... segundo a segundo.



Tú me enseñas que se puede querer, lo que no ves.

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