4/4/11


Podrían darme el mayor premio del mundo. A la mejor actriz. Porque la verdad es que lo hago genial. No se me nota lo más mínimo que estoy fingiendo. Soy capaz de verte, darte un abrazo y seguir hablando contigo como si tal cosa sin que te des cuenta de que no puedo mirarte a los ojos porque si no mandaría todo mi esfuerzo por no pensar en ti a la mierda. Puedo sonreírte y hacer de tripas corazón cómo si fuera la cosa más fácil del mundo. Puedo escucharte durante horas, hacer de amiga y mentir diciendo que todo está bien sin que tengas la mínima duda de que lo que te estoy contando es verdad. Eso sí, en cuanto doblo la calle, siempre se me sale una lágrima por el rabillo del ojo. Y no, no es porque me vaya a morir por tu falta. Es de rabia. Rabia, porque soy capaz de escucharte hablar del mil tonterías que ni si quiera me importan por hablar cinco minutos contigo y verte feliz pero al mismo tiempo no soy capaz de coger y decirte “mira, a mi no me importa lo más mínimo lo que tengas o no con todas las chicas del mundo, yo solo quiero escucharte decir cuatro palabras: te quiero a ti”. Y todo por miedo al fracaso.


Me gustas pero tengo miedo de fallar en el amor.

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