22/12/09

Invierno


Cómo se notaba que era invierno. Mis manos estaban congeladas al igual que los dedos de mis pies. Mi nariz roja y mis orejas tiesas de frío. La casa estaba helada como si hubiera estado vacía durante años y las estufas no calentaban lo suficiente. Todo como cualquier otro invierno, nada había cambiado. Mi ordenador seguía estando en el escritorio y al lado seguía teniendo mi estantería llena de libros ya leídos. Mi móvil seguía esperándome en la mesilla de noche y mis gafas seguían colocadas en ninguna parte porque nunca recuerdo donde las dejé por última vez.
Lo único que había cambiado era mi forma de ver el mundo, mi forma de vivir. Todo lo que había cambiado era yo. Ya no escuchaba música mientras recogía la habitación, ni cantaba cualquier canción inutil de la radio. Ni bailaba por la casa, ni leía los mensajes del contestador. Tampoco soñaba cada noche y no tarareaba canciones en la ducha. Ya no me tiraba tres horas delante de mi armario para elegir qué ropa ponerme.

Ahora, escucho al silencio cada vez que intento ordenar algo dentro de mi desorden. Canto el número de veces que me dices que me quieres y bailo en una cama cada vez que se juntan nuestros cuerpos. Ahora leo tu mente y no tengo sueños porque vivo en uno de ellos. Ahora simplemente tarareó el número de lunares que hay en tu espalda y que cuento cada vez que nos metemos en la ducha. Ahora, cualquier trapo sobre mi cuerpo vale.
Ya no hay mucho que descubrir. Solo el invierno, tú y yo.

4 comentarios:

X dijo...

Genial, gran giro en el último párrafo. El invierno no siempre es lo que parece. :-)

Vértigo dijo...

Pensaba que iba por otro lado el texto, me encantó que me sorprendiera.

Ainoa dijo...

Me gusta tu final feliz, aunque el mío hubiese sido triste xd me identifico muchísimo con los dos primeros párrafos. Feliz casiNavidad :)

Diario de nuestros pensamientos dijo...

no te queda mucho q descubrir... cada dia puedes encontrar algo. Bello final