6/11/09

Una buena taza de café..

Pensé que volver a quererte no podía estar tan mal. Quizás no supe cómo hacerlo, así que decidí quererte más y mejor. Me puse mi bufanda y mis guantes y salí corriendo hacia el metro con la esperanza de encontrarte y decirte mi decisión. Como siempre, el metro estaba abarrotado de gente y no era capaz de distinguir a nadie. Me parecían todos como chinos, no sabía diferenciarlos.
Fui buscando parada tras parada sin encontrarte por ninguna parte. Al final, rendida, me senté en uno de los bancos en los que la gente espera a que llegue su metro, y allí, pensando, apareciste tú con esa sonrisa burlona que tanto te define.
Me levanté feliz, hasta que vi que esa sonrisa no era para mi, si no que se la estabas regalando a una chica rubia de metro 70.

Una vez más me equivoqué al pensar que nuestro cuento podría no tener final. Y una vez más volví a caer con la misma piedra, en el mismo lugar del camino. Otra vez tengo que volver a empezar, y otra vez lo tengo que hacer sola.

Si es que la vida es como una buena taza de café, que hay que tomarla sorbito a sorbito y saborearla en cada trago que demos.

3 comentarios:

Smily dijo...

Las piedras suelen, por desgracia, trasladarse y ponerse siempre en nuestro camino, siendo día tras día la misma. Pero hay que levantarse :)
Me gusta la comparación del café, y tu forma de escribir1
¡Un besazo!

Elektra dijo...

Siempre quedan las tazas de líquidos calientes para templar el alma. Un besazo, Nerea.

Marta Simonet dijo...

Muchas de las chicas rubias de metro setenta parece que se comen el mundo,pero en realidad acaban vomitando alma por las esquinas.


Marta,
rubia de metro 70.
MUA