19/4/16

Por fin

Por fin, decidí salir de esas cuatro paredes y enfrentarme al silencio que dejaste en nuestra casa. Caminé por ese pasillo durante unos minutos, aunque si te soy sincera me parecieron horas. Siempre me había creído el cuento de que nadie es imprescindible, pero la verdad es que tu entraste en mi vida arrasándolo todo sin ni si quiera preguntar. Y casi sin darme cuenta te convertiste en todo eso que tanto tiempo negué.

Había escuchado hablar de ese vacío antes. Nunca me creí del todo las historias que contaban sobre él. Nunca hasta hoy. Antes me parecía imposible que alguien pudiese mover tantas cosas dentro de ti con una simple decisión: desaparecer de tu vida para siempre. Pero la realidad es que cuando alguien al que quieres se marcha sin ninguna explicación todo tu mundo se viene abajo y nada de lo que normalmente tendría sentido lo tiene. Ni si quiera las cosas más simples.

En cuanto cerraste la puerta, algo dentro de mi decidió que nada era lo suficientemente importante para seguir. Nada excepto tú. Pasaron semanas hasta que mi cuerpo y mi mente fueron asimilando que no ibas a volver. Aun así, el simple sonido del timbre o del teléfono hacían que mi corazón se acelerara con la esperanza de que el que estuviese al otro lado fueses tú. Pero nunca lo eras, ni lo serás.

Solo en mis sueños conseguía tenerte de vez en cuando. Y entonces despertar era el peor trabajo del mundo. Con el tiempo, también fuiste desapareciendo de mis sueños. Supongo que esto pasó porque llegó un momento en el que no era capaz de recordar tu cara, ni tu forma de caminar… ni si quiera podía acodarme de tu voz. Pensé una y un millón de veces en mirar nuestras fotos y recordarte, pero mi mente luchaba sin fuerza para borrar esa idea de mi cabeza lo antes posible. ¿Cómo iba a olvidarte si me obligaba a tenerte siempre ahí?

No te voy a mentir, fue un proceso duro. Me costó reinventarme y volver a hacer de mí la persona que era antes de que aparecieses en mi vida. Aunque en realidad, nunca seré la misma. Tú te fuiste y no miraste atrás, pero dejaste muchas cosas aquí de las que me costará mucho deshacerme. Y por supuesto, te llevaste partes de mí que todavía no sé si en algún momento seré capaz de recuperar...