30/12/16

2016

Este año se reduce en una palabra: aprender. 

He aprendido a vivir sola y a no depender de nadie.
He aprendido que cuando se quiere conseguir algo, hay que esforzarse y arriesgarse.
Que una amiga puede ser una hermana que comparta contigo los momentos más importantes de tu vida, y de la suya.
Que las relaciones con las personas que han sido muy importantes para ti pueden desaparecer o cambiar, y eso, no tiene por qué ser malo.
Que quien menos lo demuestra, es quien más te echa de menos.

Aprendí que puede aparecer gente en tu vida de repente y convertirse en importante para ti.
He aprendido a valorar las pequeñas cosas y sobre todo, a mi misma.
Que aunque estés lejos, la gente que te quiere sacará tiempo para preguntarte cómo estás.
Que aunque pases mucho tiempo con alguien, siempre puedes echarle de menos.

Aprendí que debo abrirme y dejar entrar gente a mi vida, aunque me de miedo que me hagan daño.
Que el dolor se pasa y las alegrías vuelven.
Que las oportunidades hay que aprovecharlas, porque si no lo haces tú... otro lo hará.
Aprendí que no hay que agarrarse a un clavo ardiendo, lo mejor es soltar y no intentar sustituirlo.

Aprendí que hay que luchar por tu sitio y no cansarte de buscarlo. 
Que siempre habrá alguien que te valore aunque intenten demostrar lo contrario.
Que las cosas importantes de la vida... no son cosas. Son momentos.

Y yo, al 2017, solo le pido eso.